Tengo particular debilidad por las películas como este “Crazy Heart” de Scott Cooper. No tiene artificios, no crea héroes, tiene una tonalidad sin altisonancias en toda su narración. O sea: es auténtica.
Su honestidad y la modestia para calar en lo humano sin tomar partido por el personaje central la hace más sensible. Mas de lo que se puede comprender desde la apariencia. Y esto puede entenderse desde diferentes ópticas: como el retrato de un cantante y compositor de música country venido a menos o,
mejor, como el camino de la vida.
Aquí la diferencia con los film de Arriaga (director de películas como “21 Gramos”, “Babel”, entre otras) o similares (¡ojo!, nos gusta el cine guionizado o realizado por el mexicano). Scott Cooper no los tortura, ni los cuestiona, ni los hacer buscar la redención o el equilibrio moral o religioso o justiciero de sus vidas. Tal vez la cuestión esencial de la vida sea mas simple para la óptica de Cooper: cada uno es efecto de sus propias decisiones o indecisiones. Una forma de equilibrio natural.
La película ES JEFF BRIDGES. Todo pasa por este INMENSO ACTOR. Y es FORMIDABLE LO QUE HACE.Los reproches del filme QUE NO LLEGA A SER UNA OBRA MAYOR pueden pasar porque nunca alcanza un vuelo poético ni dramaticidad estremecedora, o porque esta centralizada demasiado en la música country.
Se puede responder que le es suficiente con la descripcion humana de los personajes: breve, intensa y cálida Maggie Gyllenhaal o el amigo en Robert Duvall, también productor del filme) y con ser una película querible, cálida e imperfectamente humana.
Hablamos de honestidad, austeridad y autenticidad.



