Es una suerte de terreno fangoso comentar este filme del británico Christopher Nolan o para decirlo mejor, es tan impactante como engañoso éste, su séptimo largometraje, también volcado a su tema predilecto: la mente humana.
No se puede discutir su gran capacidad para elaborar las imágenes, no así los climas o atmósferas.
Tampoco se puede poner en tela de juicio el apabullamiento en todos los sentidos que producen esas mismas imágenes acentuada por la grandilocuencia musical.
Ahora: todo ese sueño o digitación laberíntica de la mente, ¿tiene realmente sentido? sus significantes toman significado con el lenguaje cinematográfico o ¿es un paroxismo sofista?
Algunos críticos hablan de portentosidad visual, otros de gran capacidad imaginativa, nosotros no sabemos qué términos utilizar.
Porque la re-significación final de toda la verborragia y densidad narrativa le otorga otro sentido al filme, quizás lo re-valoriza pero no, precisamente, lo hace una obra de culto o una obra maestra o una obra imaginativa.
Entonces cabe preguntar: ¿todo lo que vimos se puede justificar con un pretexto fantástico? o ¿es producto de la ambigüedad pretenciosa, envuelta en lujo visual, en que oscila “todo” en la película?
Preguntas y más preguntas que sólo nos hace tomar partido en contra. porque de la estridencia musical continua, los golpes de efectos sonoros, los gritos de Leonardo Di Caprio en la pérdida familiar (que son una reiteración de sus últimos trabajos), la formidable imaginación del diseño de sus imágenes con la excusa del juego de la mente, solamente nos queda … una sensación vacía; nos impactó pero no nos conmovió, lamentablemente.
Eso sí: es una visión muy personal y arrolladora de los sueños.
Para ubicar sin ostentaciones, recurso que no suele utilizar, a este británico que hoy viernes 30 de julio del 2010 cumple 40 años.
Victor Languasco.



