Cobertura: La obra sobre Edith Piaf brilló en suelo salteño

Qué bueno es recordar que artistas como Edith Piaf pasaron por este mundo. Qué bueno es hacerlo a través de un espectáculo como el que brindó el Ballet Contemporáneo de Sandra Píccolo, junto a la actriz Cristina Idiarte, en la Casa de la Cultura. El estreno de “Edith” (con guión original de Víctor Fernández Esteban) fue un gran acontecimiento, porque no todos los días nos topamos con historias tan bellamente narradas, capaces de estremecer esa misteriosa inmaterialidad que nos hace humanos.

El espectáculo de danza y teatro puso en escena a los bailarines del ballet y del taller juvenil y prejuvenil que dirige Sandra Píccolo. La estructura de la composición se basó en cinco escenas que fueron marcando hitos en la vida de Edith Piaf. Entre cuadro y cuadro, breves monólogos de Cristina Idiarte anticipaban con palabras las sensaciones y emociones que luego enfatizaría la danza, a través de segmentos (dúos, tríos y grupales) de a ratos dinámicos y pasionales; de a ratos dulces y envolventes.

Un inteligente y equilibrado contrapunto, que ya forma parte del vocabulario coreográfico tan personal de Píccolo, sumado a un detalle que no escapa: sus bailarines no buscan acompañar la música, sino que la música está en su gesto mismo. Edith niña (Paula Mariotti, muy compenetrada con su papel), Edith adolescente (Julieta Cancino) y Edith adulta (Sandra Reartes, contundente y expresiva) desfilaron por el escenario para narrar con sus cuerpos y con sus gestos una historia cargada de abandono, dolor, euforia, amistad, arrebato, violencia y amor.

La escenografía de Miro Barraza marcó el desplazamiento de la protagonista por los diferentes rincones que la albergaron en París (la calle húmeda y gris, el cabaret, el palacete). La iluminación de Jorge Mimessi acompañó eficazmente los climas, escondiendo en la semipenumbra a la Edith narradora (Idiarte), o agigantando la sombra de la Edith estrella y mito, hacia el final. El diseño de vestuario de la misma Píccolo resultó un agradable derroche de detalles y logró la ambientación perfecta.

La música merece un párrafo aparte, porque está claro que en una obra sobre Edith Piaf no podía faltar la inigualable voz (“ronca y sedienta”) del “Gorrión de París”. La banda sonora conjugó sus piezas inolvidables con composiciones más clásicas, a modo de collage. Y Edith bailó radiante y feliz junto a su amado Marcel Cerdan (un fantástico y multifacético Leo Valdez), mecida por “La vida en rosa”, y al final, sostenida en alto, divinizada, repitió emocionada: “No, no me arrepiento de nada”. Una última confesión de una mujer excepcional que no morirá mientras París esté encendida.

 

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ANDREA ELÍAS. Directora del Museo de Bellas Artes.
Licenciada en Artes y Artista Visual. Nació en Tucumán 12-10-71.
¿Qué planificó para hacer desde que inició su gestión hace un par de meses?
Mi propuesta de gestión es lograr visibilidad y mayor inserción del Museo de Bellas Artes de Salta en el medio local y nacional. Este es un desafío que asumimos no sólo desde la calidad de las propuestas expositivas sino también de las actividades de extensión que desarrolla el MBAS.
¿Para todo lo que piensa hacer se necesita dinero?
La financiación de todas las actividades del Museo son cubiertas en su mayoría por el Estado, ya que es una institución provincial. Pero también, el MBAS, cuenta con la Asociación de amigos del Museo de Bellas Artes, un pilar fundamental. Por otra parte, yo creo que en la pertinencia de la gestión Institucional mixta, ésta es una tendencia creciente en los museos porque se comprende que el apoyo de empresas privadas permite afrontar mejor la financiación de proyectos que involucran presupuestos que el Estado a veces no puede afrontar, sobre todo es el caso de los museos provinciales.