Fin de Semana. Las propuestas culturales, por suerte, muy diversas. Entre algunas de ellas: violines, comedias con alto contenido mediático, monjes orientales, y...teatro artístico.
Naturalmente, toda elección conlleva un riesgo. Y sí, mi riesgo asumido fue el teatro. ¿Motivos?. Variados, pero entre los sobresalientes: el interés por conocer un poco más nuestro teatro, disfrutar de una obra con logros (y poder juzgarla en primera persona), ver una obra de Camus (lo cual ya no es poco), y sobretodo disfrutar del arte.
Cerca de quince minutos posteriores a lo anunciado, mi experiencia se efectiviza.
Doy pasos dentro de la sala, y...me adentro a la obra.
Tomo una decisión poco reflexionada y, decido alojarme. Para ello, ya estando en el albergue, solicito una habitación en recepción.
Situado en el hall principal, una mujer, de unos sesenta años de edad, recorre con su mirada mi aspecto y el de mi acompañante. Quizás, en pos de saber, quiénes éramos, o tal vez, de dónde veníamos. Dando su aprobación, nos comunica que el boton (maletero) del hotel nos llevaría a nuestra habitación.
Al llegar el botón, con mínimas palabras, a decir verdad, tan solo una, nos ubica en nuestra habitación.
El albergue no posee grandes lujos, ni grandes comodidades, pero para un tiempo (pienso) es confortable.
Minutos más tarde, puedo observar un viajante, de quizás unos cuarenta años. Solicita una habitación. Su apariencia lo muestra como una persona elegante, de buen pasar económico, y porque no, de mundo...
Al pasar una persona bastante tiempo en el hall de un hotel, puede ser testigo de conversaciones ajenas. Este fue mi caso. He presenciado intensas charlas entre las mujeres del hotel, quizás eran las propietarias, que denotaban claramente ser madre e hija.
Es evidente que no son personas simples. Tienen cada cual historias que las moviliza, recelos, carencias, pero también grandes deseos de partir.... Entre esto, recuerdo un gran anhelo de una de ellas: el mar.
Con recurrencias he visto al viajante, creo que su nombre era Juan, con dudas sobre si era acorde el lugar para él. Todo esto, para mi, no pasaba desapercibido.
Momentos más tarde, he dejado de ver a Juan. Esto, francamente, no sería raro si hubiese sido un huesped común. Lo digo, porque regularmente, se lo podía observar muy dubitativo, recorriendo todas las instalaciones, y con ánimos muy cambiados.
Fueron varias las ocasiones, dónde pude verla a Marta (la hija, la menor de las propietarias del albergue), dialogar con él. Éstos no eran triviales, es más, poseían una gran intensidad, una gran fuerza de las partes, dónde el lenguaje comunicacional, no era tan sólo el verbal...sino de las miradas, de los cuerpos.
Pasado un tiempo, creo haber percibido, grandes síntomas de congoja, de precipitación, de equivocación, como si algún gran malentendido hubiese provocado un inteso dolor...
Decidí marcharme, partir. Pero a sabiendas de haber permanecido un tiempo, en un albergue diferente, cómodo, intenso...y sobretodo muy valioso.
Próximas Funciones: Casa de la Cultura - Sala Mecano
Viernes 22 de Mayo - 21hs
Sabado 23 de Mayo - 22hs
Ver Nota Relacionada.
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